domingo, febrero 19, 2012

Mamá, papá y la traducción

Cuando estamos en esa edad en la que nos creemos capaces de todo, hay una zona en la cabeza de nuestros padres en donde está la paciencia, que se pone enorme. Por necesidad. Más que nada porque venimos con sueños y aspiraciones nuevas cada vez que venimos de clase.

En esa época, en la que la mayoría de nuestros pensamientos empiezan con los típicos «cuando cumpla los dieciocho…» y «en cuanto salga de la universidad…», no tenemos nada claro, aunque ni siquiera nos damos cuenta de que nos estamos mareando a nosotros mismos. Como ya creo que dije en una ocasión, en esa época en la que vemos muchísimos «futuros alternativos» (y lo peor es que todos nos parecen factibles) yo quería estudiar Psicología, aunque, de hecho, los idiomas siempre fueron una vía alternativa bastante buena a mi parecer.

De todas maneras, acabé estudiando Traducción e Interpretación, como bien sabéis. Ya han pasado cinco años desde el día en el que decidí que los idiomas serían mi futuro profesional. Y la verdad es que mis padres, cargados de paciencia, como ya os dije, supieron llevar bien que quisiera dedicarme a esto, después de no solo haber querido estudiar Psicología, sino también haber planeado —brevemente— estudiar Derecho, Turismo y Filología.

La cuestión es que, aunque ambos me apoyaron, las reacciones fueron diferentes. Empezaré por mi padre. La verdad es que no sabía cómo se lo iba a tomar, puesto que: primero, él no sabe mucho del tema de los estudios en general (ni le interesa demasiado, a decir verdad); y segundo, él es el típico que, como no entiende, empieza a cerrarse en banda y no quiere escuchar.

La situación se tensó más cuando nuestra relación, nunca demasiado buena, se enfrió cuando empezó a irse al extranjero a trabajar y llegaba el fin de semana. La historia continuó cuando tuve que decirle que quería dedicarme a la Traducción y a la Interpretación. Él, ni corto ni perezoso, me preguntó que qué era eso y que si de verdad tenía futuro.

Al explicarle que el asunto iba relacionado con los idiomas, los ojos se le pusieron como platos. Esperando una mala contestación de él o una cara de «no-convencimiento», la reacción fue totalmente la contraria. Después de un «Yo, en esas cosas, mejor que no me meta», siguió un «los idiomas son el futuro». Eso sí, tuve que quitarle de la cabeza los conceptos tan borrosos que tenía con ejemplos de traducción e interpretación (que bien podría haber sido mi padre una de las tan famosas señoras que se creen que estudiamos para ser actores): «La traducción es cuando se traduce un texto escrito, por ejemplo, cuando un libro está en inglés y se “pasa” al español; la interpretación es cuando la traducción es lo mismo, pero oralmente».

Con mi madre hubo menos problemas, incluso. Y lo mejor de todo: menos incertidumbre. Mi madre me ha apoyado en todo y ha vivido conmigo muchísimas cosas. Cuando decidí estudiar Traducción, la verdad es que no le sorprendió: ella sabía mejor que nadie lo bien que se me daban los idiomas y dedicarme a ello no sería tan raro, a fin de cuentas.

Cómo ha afectado mi carrera a mis padres es lo que más me impresionó. Resulta que soy una persona a la que le encanta compartir lo que sabe y lo que tiene y que mis padres se interesen por mi carrera, por mi futuro profesional y por demás temas relacionados con mi (futura) profesión es algo que me emociona y me llena de orgullo (y satisfacción, ¿por qué no?).

A mi padre lo que le ha hecho es abrirle un poco los ojos en el tema de la traducción y de la perseverancia que hay que tener en este mundo (aunque no solo en este campo). Además, no solo sigue pensando que los idiomas siguen siendo una buena salida profesional, sino también personal, porque cree que voy a estar en contacto con muchas culturas una vez me dedique a esto.

Con mi madre ha sido incluso mejor. Como mi padre, cree que los idiomas son una buena salida profesional y cree que no tendré problema en cuanto al contacto intercultural. Además, esto de que esté siempre con una lengua que no es la mía (no pensemos mal, por favor) le ha hecho pensar en si ella también debería estudiar algún idioma.

Soy una persona bastante familiar y que mi familia me apoye en todo momento es algo con lo que me encanta vivir, sinceramente. Y no solo con los éxitos, sino también con los fracasos o con los tropiezos. Desde aquí me gustaría agradecer todo lo que han ello por mí, tanto mis padres como mi familia en general.

Hasta aquí mi entrada de hoy. La verdad es que no sé qué os ha parecido o si os habéis visto identificados, pero aquí está. La pregunta es obvia: ¿qué reacción tuvieron vuestros padres al decirles que os queríais dedicar a la traducción? ¡Un saludo desde Málaga al mundo!

10 comentarios:

  1. Mis padres tuvieron una buena reacción. Mi caso es un poco más diferente. En mi casa, tengo un hermano mayor que lleva muchos años estudiando lo mismo sin unos frutos fructíferos. Mis padres no querían eso para mí. Querían que estudiase algo que no me encadenase tanto, que no me quitara cada segundo de mi juventud en una silla. Así que cuando decidí pasarme al bachiller de sociales quitando así cualquier rastro de ninguna ingeniería, les di una alegría.

    Mi madre siempre quiso que estudiase económicas. Y al empezar a estudiar economía y al ver que me gustaba y se me daba bien, vio su sueño más cerca. Pero ella sabía que no iba a hacerlo.

    Yo decidí estudiar idiomas mucho antes de que incluso mi hermano empezase la universidad. Desde que era muy pequeña y empecé con el inglés, hubo algo que me enganchó. Cuando me enteré que existía esta carrera, no tuve duda. Recuerdo cuando en el último curso del colegio mis compañeros decían que querían ser médico o policía y yo decía que quería ser traductora... ¡qué cara ponían mis profesores!

    Aunque no creas, hubo un tiempo en que quería ser otras cosas. Relaciones públicas, publicidad, turismo, económicas, GADES, derecho,... Pero siempre supe que había algo en mi que quería que hiciese esto. Y no me arrepiento.

    Y ahora... bueno ahora mis padres me apoyan. Al 100%. Mi madre me ve en la ONU o en el parlamento europeo. «Ojalá» le digo yo. Saben que he llegado hasta aquí con mi propio esfuerzo, mi dedicación. No he tenido la suerte que muchos han tenido en cuanto a contactos con la cultura anglosajona (el ERASMUS será mi primer contacto) pero siempre he luchado por ello y ellos me han apoyado. Me va bien, soy feliz y estoy cumpliendo mis sueños y sus expectativas, ¿qué más pueden pedir? :)

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  2. ¡Hola, Ismael!

    Me ha gustado tu entrada. En mi caso, mis padres siempre me han apoyado en todas las decisiones que he tomado, así que tengo suerte en eso. Yo decidí dedicarme a la traducción con 16 años aproximadamente, después de haberme planteado carreras como Psicología, Arqueología o Derecho (aviso, no es tan divertido como en Ally McBeal). Lo curioso es que, cuando hice la Selectividad, puse de 1º Traducción EN-ES, de 2º Comunicación Audiovisual y de 3º Traducción FR-ES... Antes que Filología, cualquier cosa! jaja

    Un saludo :D

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  3. Mi mejor argumento cuando mi madre me dijo «¿Traducción? Te vas a morir de hambre» fue preguntarle: «¿Y cuánto pagas tú a mi profesora particular de inglés, que se supone que es de las baratas?». Solo le salió un «ah, pues tienes razón. Vale».

    De todas formas, por mucho que la opinión de nuestros padres nos importe, creo que es aún más importante que ellos entiendan que, pase lo que pase, es nuestra vida, y si nos apetece estudiar Filosofía, es nuestro problema, no el suyo. Por supuesto que se aceptan recomendaciones y ayuda a la hora de encontrar una carrera que pueda adaptarse mejor a nosotros, pero siempre debemos hacer algo que nos guste a nosotros, no algo que contente a nuestros padres. Si te digo yo la lista de cosas que quería ser...

    De todas formas, siempre puedes estudiar Psicología cuando acabes traducción ;)

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    1. Bueno, eso de que no es su problema... si estudias algo que no tenga salidas, no encontrarás trabajo y te tocará quedarte con ellos... a día de hoy alguien que estudia ingeniería no tiene las mismas oportunidades que alguien de filosofía, por ejemplo... ¿no crees?

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  4. Curri, ¡qué gran idea me has dado! Con tu permiso se lo voy a soltar a cualquier familiar que vuelva a decirme que me voy a morir de hambre. Recuerdo muchas cenas familiares interminables con mis tíos llegando a la conclusión que esto lo hago para divertirme y que luego ya haré lo que me dé de comer, o "una carrera de verdad".
    Luego está mi abuelo que cuando vengo a casa con las notas (sí, hasta en 4º de carrera, es una tradición familiar o algo) me dice que es igual si son buenas, porque total "no me cuesta ningún esfuerzo" porque he "nacido para hablar idiomas ajenos", et en fin.
    Mi madre es la que más ha cambiado de opinión, ahora cuando vemos series juntas hasta se da cuenta de los errores de traducción y sin sentidos varios, pero de aquí a verlas en versión original... ya veremos.

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  5. "Los idiomas son el futuro". Eso está claro. El problema viene cuando en tu familia siempre te preguntan que por qué no estás estudiando chino... Señores, que hay más idiomas en el mundo... El colmo llegó cuando la madre de un amigo me dijo: Pero Hugo, si tu tienes más cabeza para hacer algo mejor... Al principio no supe qué contestar... En cuanto a mis padres, me han apoyado desde que les dije que quería estudiar traducción e interpretación, y es algo que agradezco.

    PD: Totalmente de acuerdo contigo Ismael, ahora veo mil posibilidades, y me parecen factibles. Sigo siendo un niño que sueña. Quién sabe...

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    1. jajaja qué gracia lo del chino. Realmente debe ser como una vez al mes o así cuando me lo dicen...
      ¡o el árabe! En fin, lo cierto es que cuando entras en la carrera y te ves con inglés y francés dices... si todos los que estamos aquí aspiramos a lo mismo, vamos buenos... La parte positiva es que no todos queremos lo mismo. =)

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  6. ¡Hola Ismael!

    Pues ya ves, a mí me pasó algo similar. Siempre quise estudiar Odontología. Cuando entré a la universidad, mi examen de admisión dio para todo excepto para las Ciencias de la Salud. Como mi nota era buena, me dieron la posibilidad de entrar a una carrera que igual me gustara, que la nota me diera para entrar, y en la que pudiera tener un promedio mayor a 9 para poder pedir un traslado. Yo pedí Inglés. ¡Claro! Siempre me había gustado eso de los idiomas y la literatura, y se me hacía fácil; había crecido en un ambiente bilingüe. ¡Perfecta para pasarme! De momento, mis papás lo vieron bien… su discurso era: “Estudia Inglés para pasarse a Odontología”. Cuando ya vieron que mis intenciones de traslado eran cada vez menores, y que mi dinero era canjeable por diccionarios, solamente, empezaron las discusiones. Yo seguí… terminé el bachillerato, empecé a trabajar de inmediato como traductora, saqué una maestría en traducción… y no había forma de convencerlos. ¡Ellos querían hijos ingenieros, médicos, abogados! Me veían trabajando (mi oficina está en su casa), y era común recibir comentarios de “estás interneteando mucho”, “yo te veo chateando y nada que te veo trabajar” y si me iba de intérprete de compañía (no hago conferencias), pues no eran giras de trabajo pero paseos. Así han pasado los años. Obviamente, me apoyan y saben que la decisión que tomé fue la correcta para mí, y que estoy feliz en mi charco, pero siempre quedaba ese algo que les molestaba. ¡Hasta la semana pasada! Mi papá andaba con un amigo estadounidense que vino a Costa Rica para asuntos de negocios, y le tocó andar de “intérprete”. Un día de “trabajo” le bastó para llegar a preguntarme si eso era lo que yo hacía, que si lo podía acompañar en las próximas reuniones porque él simplemente no podía. Fui… trabajé por primera vez en la vida en frente de mi papá y después de 12 años de discusiones logré un “¡Qué breteada (“trabajada” en tico) más hijue *uta te diste! ¡Eso es lo que hacés siempre?”… Bueno, no fue un “tenías razón” y mucho menos un “lo siento”… pero creo que al fin lo convencí. :)

    Un abrazo,

    Adriana

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  7. A mí siempre me han dado libertad para elegir la carrera que yo quisiera. Aunque mi madre se preocupó cuando le dije que quería hacer TeI porque a ella le habría gustado que hubiese hecho alguna ingeniería (por aquello de las salidas y tal), al fin y al cabo siempre me he sentido apoyado por ella, y eso se lo agradezco mucho. Además, poco a poco la he ido convenciendo de que TeI sí que tiene buenas salidas.

    Lo que yo creo que le pasa a muchos padres es que, como no se conocen traductores, ellos piensan que casi no existen y que esa carrera no tiene salidas, y por eso se preocupan tanto. Al fin y al cabo lo único que quieren es que el día de mañana no dependamos de nadie para comer (y todos sabemos que, sobre todo para las madres, NUNCA comemos suficiente :D)

    P.D.: Buena respuesta, Curri, me la apunto :)

    Un abrazo.

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  8. Hace dos años que acabé Traducción y desde un primer momento mis padres me dijeron que para eso, haber hecho Magisterio, que total, acabaría dando clases de inglés...
    Bueno, y que acabaría trabajando en un almacén de naranjas. Hombre, allí tuvieron algo de razón, trabajo de intérprete para un exportador de fruta :)
    Recuerdo que la primera vez que mi padre me escuchó hacer las prácticas de simultánea en casa se quedó pensando y me dijo que él creía que eso lo hacían los ordenadores. Cuando empecé traducción jurídica me dijeron que si tanto me gustaba, ¿por qué no estudié Derecho?
    Haga lo que haga siguen sin valorarlo pero por lo menos sé que no me pasaré toda la vida trabajando en algo que no me gusta porque creo que no hay mayor condena que estar ocho horas diarias (en el mejor de los casos) haciendo una faena odiosa. Y solo por eso estoy contenta con mi decisión.

    Un saludo.

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